Satanás, Lucifer, Belcebú... podrían ser los nombres de varios seres mitológicos o tal vez varios nombres asignados a un solo personaje en especial. Se encuentra bastante curioso el hecho de que exista un personaje tan aludido y a la vez tan evadido y evitado como el Diablo, algo así como el antagonista, el supervillano de la religión más famosa del mundo, que pareciera ser una especie de "Voldemort" de la vida real (y digo de la vida real porque una buena parte de la gente actúa como si al menos alguna vez le hubieran visto por ahí, no tanto porque lo sea) y que jamás es ignorado una vez que le mencionan.
Habrán quienes se muestren curiosos, quienes suelten risas, quienes tiemblen un poquitín. Habrán quienes sientan recorrer un escalofrío, o quienes al mencionarlo recuerden de un amor prohibido de media noche, o también porqué no, de esa gigantezca tarta de chocolate que no debieron haber comido.
El demonio ha sido aludido en todas las formas de expresión del ser humano, es interpretado de diversas y contradictorias formas (por poner un ejemplo, si el demonio es el príncipe de este mundo, el gran seductor, el camino de las "tentaciones".. si se presenta como algo apetitoso, ¿Cómo es que las películas de terror pretenden ponerlo como un monstruo temible?... ya tendremos tiempo para reflexionarlo. Dedicaré una entrada a ese tema.) y abordado como tema en los momentos cúspide, por así decirlo, de la vida y de las obras de arte. Es aludido en nuestra conciencia de una forma a veces subconsciente para algunos, cada vez que hacen algo a escondidas, que va contra las leyes impuestas por su ídolo.
Personalmente como su fiel hm... entretenimiento, la escritora de este blog, no creo específicamente en un Dios como tal y mucho menos aún en una separación en blanco y negro de lo que es bueno y lo que es malo. Tal es la razón tal vez por la cual me ha llegado a llamar tanto la atención este personaje y por tanto he decidido dedicarle un blog.
Y... comencemos :)


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